viernes 15 de mayo de 2009

Aniversario

Nunca lo hubiera imaginado. En realidad jamás hubiera pensado que podía darse de esta forma.

Todo empezó hace exactamente un año. Ni más ni menos.

Confirmé todo lo que pensaba, y debo decir que no me equivoqué en nada.


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jueves 1 de enero de 2009

Van a caer piedras

Esto es muy rata de mi parte. No escribo nunca, ai nou. Pero es imposible resistirme al frenesí posteador y voy a cantarles a todos:

PRI!!!!!!

Primer post del 2009

¿Se nota que tengo un pico de optimismo inusitado y que casi [ojo, que taaaanto no cambio =P] podría decir que estoy alegre?


miércoles 31 de diciembre de 2008

23:59:59

Bueno, me acordé de que tengo un blog y voy a hacer algo que debí hacer hace muuuucho tiempo [cuak!]: postear.

El calendario ayuda, la profesión también: estamos a fin de año; fecha de balances, inventarios y declaraciones juradas [callate loco, dejá de trabajar!!!!!! =P]

Este 2008 pasó volando, como todos los años últimamente, con la diferencia que no fue tan monótono y anodino [mirá las palabras que uso!!, y después me sorprendo cuando me tildan de viejo =P] como los anteriores. En rigor de verdad, este ha sido un año de grandes cambios en lo personal, y todos ellos positivos. O al menos así quiero verlos hoy.

En algún lugar leí que a los 29 años se produce un punto de inflexión en la vida de las personas. No sé qué habrá de cierto en ello, o si de veras lo leí. No importa demasiado, porque al repasar todo lo que me ocurrió este año tengo que darle crédito a esa afirmación.

Laboralmente el panorama se despejó, trayendo una tranquilidad muy necesaria. Si bien el proceso fue un tanto doloroso los elementos indeseables salieron expulsados, llevándose bien lejos su envidia e hipocresía a otro lado. El horizonte aparece con mayores responsabilidades, pero cuando la gente que te rodea está hecha de buena madera, todo se hace más fácil.

Y así como la gente despreciable salió de mi vida, todos los que aparecieron fueron de lo mejor que me pasó en años. Todo comenzó el día menos pensado...

De salud creo [kw] estar bien: ni siquiera recuerdo haberme resfriado para la primavera: eso sí, de ir al médico a hacerme algún control rutinario, ni hablar. Mi aversión a la medicina queda como materia pendiente [junto con la facultad...] para el ejercicio 09, ponele. Espero no estirar la pata antes porque quiero disfrutar con ella [:O] mi nueva vida independiente, che.

sábado 22 de noviembre de 2008

El día menos pensado

No sé por dónde empezar. Vaya dilema. Empezá por el principio... suelo decir medio en broma, medio en serio, en todos los casos en que semejante duda toma por asalto la mente. El asunto es si puedo determinar el origen de algo que se dió de manera tan natural, como parte de algo más grande que se está gestando aún.

Haciendo un poco de memoria, debo remontarme a varios meses atrás: principios de este año. Por esas casualidades (¿estaré seguro de que existen?) me encontré saltando frenéticamente de link en link hasta leer un blog que me llamó poderosamente la atención. Bastaron unos minutos para saber que lo que leía me agradaba y no dudaría ni un instante en seguirlo de cerca [cuak!].

Sería ese el primer paso. Leer en silencio, solo, sin participar, sin involucrarme. Ni siquiera aprovechando de algún modo el anonimato que ofrece la computadora. ¿Para qué? ¿Qué sentido tendría para alguien tan antisocial como uno venir a hacer algo que no hace en la vida "real"? Y no es que sea taaaan ermitaño, pero entrar en confianza de inmediato es algo que me resulta casi imposible. Con toda razón alguien podría decir: no hay que tener confianza para dejar un simple comentario, es algo que se dice al pasar y listo. ¿Tan complicado es?... y si lo pienso un poco tiene razón, pero la idea no era [ni muchísimo menos lo es ahora] ser uno más que pasa y dice algo.

Ocurre que con el transcurso del tiempo, la lectura atenta me llevó a ratificar plenamente la afinidad que sentí desde el primer momento. No sé bien cómo explicarlo. Después de meditarlo (qué complicado que soy) junté valor y di el siguiente paso. El más importante de todos.

Y así, casi sin darme cuenta, me encontré con un grupo de gente a la que le tomé un aprecio muy especial. Distinto [hasta hace una semana] del que puede tenerse para con un amigo, por el sólo hecho de que la relación se daba en un ámbito virtual. Pero para mí eran como amigos, como si los conociera desde hace mucho tiempo.

Para que exista amistad tienen que haber cosas en común. Claramente. ¿Y cuál era el común denominador? ¿Cuál es? Porque no desapareció: tenemos problemitas. De otro modo no se explica que hayamos sido capaces, entre tantas otras locuras, de organizar jodas en blogs ajenos cuando la dueña no está, y que a su vuelta nos despoje de órganos vitales para traficarlos; o que hayamos formado un comando inflador de comentarios designando a la Subcomandante Rulitos al frente del mismo; o participar de un concurso que nos tuvo en vilo por horas, con el dedo incrustado en la tecla F5... y todo por un pato de hule.

Por eso, quizás, el día en que me preguntaron si iría a la cumbre que se estaba organizando en Córdoba, no lo pensé dos veces. Tal vez en otro momento de la vida hubiera huído despavorido, pero no. Esta vez no, esta vez lo que intuía era casi casi una certeza absoluta. No había margen para la decepción. Será que con el tiempo uno aprende a identificar mejor a la gente con la que se siente a gusto, y más allá de que no los conocía en persona sabía que no iba a encontrarme con extraños. Iba a pasar los mejores días de los últimos tiempos con seres adorables, patos de hule y antorchas.

En la ceremonia previa a la entrega del pato. Improvisando atorchas.

MI patito. Vendría a ser el reflejo en el vidrio. El otro, alguien me lo hurtó descaradamente.

Las imágenes de los seres adorables son comprometedoras, por eso no se revelan. =P

martes 28 de octubre de 2008

Viveza

Hace ya unos cuantos años, en tiempos en que el correo electrónico era furor [?] en materia de comunicaciones, recibí quizás uno de los mejores que pude haber leído. En aquel entonces el relato encajaba a la perfección con la realidad que se vivía, y lo que más me llamó la atención fue saber que el texto databa de unos veinte años atrás.

Escrito por Marco Denevi, fue, es y será algo con una vigencia tristemente asombrosa:

La viveza, entre la inteligencia y la estupidez

Frente a un problema concreto, la reacción mental del hombre inteligente es dinámica: buscará el camino de la solución, a menudo a través de exploraciones, de asedios desde distintos flancos, de razonamientos abandonados en un punto y recomenzados en otro, hasta encontrar la salida. En latín, salida se dice exitus, que los ingleses tradujeron por exit. La inteligencia conduce al éxito.

Ese mismo idioma, madre del nuestro, cuyo estudio hoy les parece superfluo a algunas autoridades universitarias, tiene un verbo, stupere, que significa quedarse quieto, inmóvil, paralizado y, en sentido traslaticio, mentalmente detenido como delante de un cartel que dijera stop.

De ahí deriva la palabra estúpido: hombre que permanece entrampado por un problema sin atinar con la salida, aunque a veces adopte la agitación convulsa de una mariposa encandilada por una luz muy fuerte o los movimientos desesperados de un animal dentro de una jaula. Hablo siempre de lo que ocurre en la mente. Las dos únicas reacciones del estúpido serán la resignación o la violencia, dos falsas salidas, dos fracasos.

Salvo casos patológicos, todos somos inteligentes respecto a un tipo de problemas y estúpidos respecto a otro tipo de problemas. Pero nuestra inteligencia y nuestra estupidez no dependen de nuestra moral. Hay inteligentes moralmente canallas y hay estúpidos moralmente intachables. Cuánto la inteligencia y la estupidez le deben a los genes y cuánto a la educación (digamos, a la gimnasia) es un asunto que dejaré de lado para que no me usurpe todo el espacio del que dispongo.

Pero no querría pasar por alto un dato: sin el auxilio del intelecto, esto es de la capacidad del análisis critico del problema, y sin la posesión de conocimientos relacionados con ese problema y adquiridos por experiencia propia, o por revelación ajena, la pura inteligencia no llegaría muy lejos en el camino del éxito. La estupidez, por mas que acumule conocimientos, no sabe que hacer con ellos. Y no es raro que un intelectual, ducho de análisis critico, sea incapaz de hallar soluciones.

Sabiduría

El desarrollo, en un mismo individuo, de la inteligencia, del intelecto y de los conocimientos bien puede llamarse sabiduría, si no en la aceptación teísta que le dan las Escrituras, por lo menos como tributo humano susceptible de adquisición y de pérdida. Pero aunque no haya sabios in omni re scibile, y hasta Leonardo Da Vinci falle en sus experimentaciones con los óleos y pigmentos de sus cuadros y Albert Einstein no acierte en ubicar el hotel donde se aloja, ambos merecen el título de sabios no menos que Plinio el Viejo, muerto sin embargo, según Suetonio, a causa de una estúpida temeridad.

Con alguna frecuencia la realidad nos pone, de momento, mentalmente paralíticos. Es cuando decimos que estamos estupefactos, lo cual significa "estar hechos unos estúpidos". La inteligencia, si la tenemos, vendrá a rescatarnos de esa pasajera estupidez que, por no ser insalvable, se llama estupefacción. A propósito: alguna vez Solyenitzin escribió que la televisión nos sume en largos intervalos mentales de inmóvil estupor. ¿Dispondremos de la suficiente inteligencia como para no ser dañados por los poderes estupefacientes de la hogareña y diaria televisión?.

Situada a mitad de camino entre la inteligencia y la estupidez, la viveza comparte con la inteligencia, el dinamismo mental y, con la estupidez, la incapacidad de encontrar la solución a un problema. Se mueve, pero no en dirección de la salida ¿ hacia donde se dirige? Ese es su secreto, la formula que le permite ponerse a resguardo de la humillación y del desprestigio que sufre la estupidez.

La viveza, creo yo, es la habilidad mental para manejar los efectos de un problema sin resolver el problema. El hombre dotado de viveza, el vivo, no ejercita la inteligencia, sino un sucedáneo de la inteligencia, apto para entenderse con las consecuencia prácticas del problema, pero no con el problema mismo.

Dicho de otro modo, el vivo se mueve mentalmente en procura de cómo eludir los efectos de problema, de cómo (en la mejor de las hipótesis) volverlos beneficiosos para él ó (en la peor) de cómo desviarlos en perjuicio de un tercero. La viveza, pues, necesariamente se conecta con la moral. Sin el concurso del egoísmo no se puede ser vivo. Y para echarle el fardo al prójimo sin que este se resista, es imprescindible cierto grado de inescrupulosidad y hace falta practicar algún genero de fraude siquiera verbal.

Observado durante un corto plazo, el vivo da la impresión de haber obtenido éxito, de ser inteligente: se desplaza entre los problemas sin padecer las consecuencias o, mejor aún sacándoles provecho. Como el flujo de los efectos no se interrumpe, el vivo no puede entregarse a los ocios y recesos de la viveza.

De ahí que se los suele calificar de "despiertos". Aparenta una brillantez mental que engaña a las miradas superficiales. El inteligente, cuando está armando sus estrategias para atacar un problema, parece amodorrado y, en comparación con el vivo, un poco estúpido.

Cuanto más complejo sea el problema, mas exigirá del inteligente paciencia y esfuerzo, mas lo someterá al silencioso y tedioso análisis crítico y al constante repaso de los conocimientos. La viveza no puede permitirse esas demoras. Los efectos prácticos del problema no esperan mucho tiempo para hacerse sentir. De modo que el vivo está obligado a la rapidez y, consecuentemente, a la improvisación de sus métodos por lo general empíricos. Otra vez el inteligente comparado con el vivo, parecerá lento y hasta torpe. Si los efectos del problema, por su magnitud o por su complejidad, sobrepasan las posibilidades de la viveza para eludirlos, para aprovecharlos o para torcerlos hacia un costado, el vivo, por fin acorralado como un estúpido, no sucumbe ni a la resignación ni a la violencia, no confesará jamás su fracaso, no devolverá las armas que esconde en su mente: buscará algún chivo emisario a quien cargarle la culpa.

En todas las sociedades conviven los inteligentes, los estúpidos y los vivos según proporciones distintas para cada una de ellas. Para Borges no había ningún italiano ni ningún judío estúpidos. Exageraba, sin duda. Pero ahora imaginemos un país ficticio donde, por razones genéticas o por razones históricas, los vivos estén en mayoría. Esbozaré la novela de lo que podría ocurrir en ese país imaginario.

Puesto que son mayoría unos vivos ocupan el gobierno. Y otros vivos los eligen.
Los vivos que los eligen, y por supuesto los estúpidos, incapaces de solucionar los problemas del país, los transferiría a los elegidos. Y los elegidos, como vivos que son, se dedicarán a lo suyo: ponerse a salvo de los efectos de los problemas, sacarles provecho o desviarlos hacia los demás, así sean vivos, estúpidos o inteligentes.

Durante un tiempo los estúpidos parpadearán de catatonia mental, los inteligentes se sentirán marginados y los vivos tratarán de imitar la viveza de los gobernantes. Mientras tanto los problemas, sin resolver, se acumulan, se multiplican, se superponen.

Stop

Hasta que, fatal, llega el día en que los problemas forman una pared compacta con un cartel que dice stop. Y ahí la sociedad se detiene. Entonces los estúpidos, si no se resignan, se vuelven violentos. Los inteligentes toman su valija y huyen. Y los vivos corren de un efecto a otro efecto vendando aquí, remendando allá, emparchando mas allá. Dejan los bofes en ese desesperado ir y venir por entre el caos de los efectos sin control. Y para disimular su impotencia recurren a los fantasmas de los chivos expiatorios y a un lenguaje esquizofrénico que, disociado de la realidad, seguirá pronunciando el discurso con que alguna vez embaucaron a la estupidez.

Estúpidos de brazos cruzados o de brazos armados, inteligentes en fuga, los vivos parlanchines y desesperados: tal sería la imagen de ese país ficticio caído al pie del ominoso stop. Para él no habrá sido una salvación, un grito de guerra: ¡La inteligencia al poder!! Salvo que todos los inteligentes hayan huido, hipótesis que no parece verosímil, la novela podría tener un final feliz.